El día que no fue

POR MAURI BADRA

Transcurrían las 19:24 horas de una fría tarde. Mario empalma la pelota con el pecho y marca el gol que les otorga el tan ansiado Campeonato Mundial a nuestros “queridos” vecinos no tan cercanos, los germanos. Silencio. Ahí, dónde me encontraba en ese momento, sólo se sentía un gran silencio. Sinceramente no sé qué ocurría exactamente a las 23:24 horas en Alemania, dónde gritar o silbar en la calle es visto como falta de respeto; a mí alrededor, sólo se sentía silencio.

Estábamos absolutamente perplejos, mudos y atónitos frente a la TV. Ninguno de nosotros emitía comentarios, temíamos por lo que vendría precisamente luego, esos escasos minutos restantes no alcanzarían. El pitido final llegó.

No hay demasiadas formas de explicar lo que sentíamos por dentro y quizás siendo lector argentino, puede que te sientas identificado. Algún que otro quejido o insulto rompía el impenetrable silencio, mientras que algún pibe del barrio amortizaba la pirotecnia comprada en vano.

La reflexión que me envuelve de trasfondo, por la cuál realizo este escrito, es el increíble poder que puede tener un balón, un elemento esférico que transforma el carácter de tantos seres de un momento a otro, pudiéndonos llevar de un extasiado estado de ánimo a una absoluta desolación, con la rapidez de un chasquido de dedos.

No es que quiera ahondar nuevamente en el dolor del pueblo futbolero argentino, ni es que quiera ver rodar lágrimas por algunas mejillas. No, no quiero meter el dedo en la llaga y justo menos ahora, un tiempito después de ese Domingo 13. Es que simplemente intento comprender el porqué de lo sucedido, el porqué de nuestro actuar, el porqué de nuestro sentir, aunque la única forma de contestarme es seguir replanteando  algunas preguntas.

Con el paso de los años he intentado abstraerme del fanatismo y quitarme la camiseta para poder expresar lo que pienso, aunque creo que es prácticamente imposible. Vestigios de los colores que llevamos en la sangre siempre quedan impregnados en nuestras palabras y por supuesto en la boca de todos los que opinamos acerca de los temas que tanto nos quitan las horas de sueño cuando las supremacía del deporte más popular del mundo, como le suelen decir, reina por sobre todas las demás cuestiones del planeta que tan poco importantes no deben ser. No?

Raramente es lamentable, o lamentablemente es raro, es de no creer. Sin embargo haciendo un paréntesis para que sepas de que estoy hablando te daré unos ejemplos.

La Copa. La Copa perdida. Las finales. El Diego. La Copa ganada. Messi y la esperanza de volver a creer. Las cábalas. Los parados y los sentados. Las vuvuzelas. El cabezazo de Orteguita. Verón y los ingleses. Maradona y los ingleses. Las mujeres y el fútbol. El 6 a 0 a Perú. El que canta el himno. El que no lo canta. Las Malvinas. Los alemanes. El penal no cobrado. El penal cobrado. Los penales errados de Palermo. La madre de Riquelme. El bidón de Branco. El doping positivo. Los alemanes. El papelito de Lehmann. El golazo de Maxi. El poder de Julio y cuando no de nuestros hermanos cuyos seudónimos suelen terminar en “inho”. Y prefiero no ahondar más en ejemplos porque mi memoria no va más allá de los años 90 si no es por lo que me cuentan los que me superan en edad.

Una vez escuché decir el fútbol es un deporte donde juegan 11 contra 11 durante 90 minutos, dónde vence el que mete la pelota en el arco rival más veces que su oponente, pero SIEMPRE ganan los alemanes. Mientras observábamos su extraña frialdad para nosotros con la que festejaban, desde acá, nos sentíamos bien por dentro, satisfechos, orgullosos como si hubiéramos dejado todo en la cancha, como si nosotros nos hubiéramos pateado los testículos como lo hizo Javier, tapado bocas como lo hizo Marcos, e incluso cerrado el arco con candado como lo hizo Sergio.

Sin embargo todo Yin tiene su Yang, también nos introducimos en el otro papel, el que cuesta y el que duele, nos vestimos de directores técnicos, nos mordimos los labios con las pelotas perdidas del Kun, nos desesperamos a lo Rodrigo para definir, nos caímos como cuando cayó el Pipa y un crujido letal nos atravesó el pecho cuando lo vimos a Lionel Andrés mirando de reojo a la copa, cabizbajo, recibiendo el trofeo de mejor jugador que se disfrazaba de “premio consuelo” y aún en la derrota, casi todas las miradas las miradas del mundo se posaban en ese hombrecito desorbitado.

Desafortunadamente nos olvidamos de que son simples personas, comunes y corrientes. Saben jugar al fútbol un poco más que nosotros, que lo hacemos por diversión, o simplemente lo miramos. Son humanos, como vos, como aquél, alto, bajo, blanco, negro, amarillo o rosa. De Brasil, Alemania, Argelia y también aquel que practica Criquet en algún país Oceánico. No debemos olvidarnos nunca de eso, de lo más importante, porque al fin de cuentas el suelo que estás pisando es el mismo que pisa una persona que solemos mirar raro solo porque pensamos que porque vive lejos, es diferente a nosotros.

En el fútbol, el folclore fue y vendrá, sin embargo en mi opinión los destrozos causados por gente en un estado de enfado a lo largo y lo ancho del territorio de Argentina son lamentables. Los insultos y peleas con gente proveniente de otros lugares me duelen mucho más. Y qué decir de las realidades no contadas, u ocultadas detrás del circo y el negocio del espectáculo. Todos tenemos el derecho a opinar, comentar y expresar lo que sentimos, pero no deberíamos olvidarnos de nuestra verdad será camiseta, la que llevamos por debajo de los colores que elegimos.

Aunque puedo asegurar que hasta al menos fanático del fútbol le gustaría abrazarse con un extraño simplemente porque sí. Porque eso es lo lindo de esto, el fútbol, es eso. Es disfrutar, más allá de las tildes políticas y de los distintos colores con los que somos pintados desde que somos pequeños. La belleza está en los pequeños detalles con los que no contamos, en la cerveza que bebemos unidos, cantando, comiendo, sin importar quiénes somos ni de dónde venimos.

Ahí en donde yo estaba, hubo gente que se ilusionó, vivió alegrías y tristezas, disfrutó y sufrió, además de vivir una experiencia que se remarcará en todas nuestras memorias por el resto de nuestras vidas. Ahí, donde me encontraba, hubo gente que festejó, que escapó de sus actividades rutinarias e incluso hasta hubo personas que se animaron a recorrer miles de kilómetros sin consultarle a sus jefes. Hubo gente actuando y reaccionando, viviendo el momento. Hubo gente que se bancó el invierno por sólo salir a la calle a mirar a algunos locos pintados de celeste y blanco. Hubo gente que se unía con otra gente, sólo por la sensación de que juntos hacían más fuerzas. Hubo viento, frío y lluvia. Hubo penales y por ende, hubo sudor. Hubo historias contadas e historias que contar. Hubo borrachos y sobrios. Hubo cábalas por doquier. Hubo un tipo que no le importó nada y abrió las puertas de su hogar al cualquiera que quisiese acercarse. Hubo abrazos. Hubo encuentros y desencuentros. Entonces al haber habido tan extremas y fuertes sensaciones, irónicamente lo que faltaba para completar la orquesta fue el silencio, que acompañando la dulce agonía, de saber qué pudo haber sido ese mismo día pero terminó siendo el día que no fue.

Ese domingo todos nos fuimos a dormir más temprano de lo que imaginabamos, reflexionando sobre lo que habíamos vivido y lo que vivió cada persona viendo ese partido en cualquier parte del planeta, que curiosamente es esférico, como la pelota.

Sinceramente me quedé pensando, en el porqué de nuestro actuar desaforado, en el porqué de la pasión. Porqué puede afectar tanto a la vida de la mayoría de las personas que nacieron en el mismo lugar que yo un balón que rueda sobre un terreno de césped, donde 11 individuos intentan vencer a los otros 11 en frente. Y luego me volvió el fanatismo a la piel, dónde corrigió a mi cabeza que intentaba entender el porqué de mi sentir. Me callé a mí mismo convenciéndome con una afirmación, como una vez vi en una de las mejores obras cinematográficas argentinas de todos los tiempos a mi parecer, basada en una novela de Eduardo Sacheri, dónde un fanático del fútbol expresa que un hombre puede cambiar todo en la vida, excepto la pasión.

El lunes 14 no fue un día común, fue un día distinto. Fue caminar con las calles con un sabor extraño, luego de despertar y haber tenido un gran sueño. Las calles lucían plagadas de papelitos olvidados y las doñas salían a barrer las veredas mientras volvíamos a la vida, tratando de olvidar lo que había pasado, de lo bello que había sido mientras duró.

El Mundial de Fútbol es contradictorio por dónde se lo mire, manejado por una entidad polémica de “F” a “A”, dónde prefiero no profundizar ya que no es el objetivo de este humilde comunicado, nos dejó aquí solos nuevamente, para irse a instalar en nuestra memoria, atrás quedan las gambetas de James, las caídas de Arjen y las atajadas del Memo. Ahí quedan rememorados los Ticos, la garra chilena y la mordida del pistolero. Guardamos en un cajón la pegada de Andrea, la vértebra de Neymar y los 16 goles de Miroslav superando al fenómeno. Apartamos a un lado los goles de nuestro 10, las corridas de Ángel y los abdominales del Pocho.

Volveremos a esperar 4 años más. Y hoy, posteriormente a ver visto el mejor mundial de la historia según mis ojos y las palabras de gente mayor, no me queda grabada la imagen en la cabeza del capitán alemán levantando la copa, ni la barrida de Masche salvando la semifinal, tampoco la aburrida presentación, la eliminación de España, ni los 7 goles que se comió Brasil.

Sorprendentemente lo que queda grabado a fuego en mi mente, es la imagen que vi, el lunes 14, cuando volvía a mi casa luego de correr por el parque unos kilómetros para despejarme.

En una pequeña cancha de césped sintético, vi unos niños jugar a la pelota, de aproximadamente 4 años de edad. La mayoría de ellos vestía una camiseta con franjas verticales celestes y blancas, con el número 10 en la espalda. Ingenuos, desde su inocencia, jugaban risueños, de aquí para allá, mientras se caían y se levantaban.

Callado, en silencio, me quede observándolos por un momento, con la mirada perdida. Luego de terminar el partido se juntaron a escuchar al profe que con silbato en la boca, intentaba llamar la atención, aunque muy pocos de ellos lo hacían. Se molestaban a unos a otros, se tiraban al suelo, peleaban y se abrazaban.

No puedo quitarme de adentro la paz que me transmitió ver esa imagen, la pureza con la que se divertían esos niños, la inocencia con la que jugaban, y me recordaba a mi infancia, cuando todo parecía ser más fácil y divertido. No se preocupaban por lo que vendría mañana, ni lo que había sucedido el día anterior. Sus padres, a unos pocos metros donde me encontraba, los veían, con los ojos brillosos, como si sus pequeños les trasmitieran la felicidad por medio de un conducto invisible e instantáneo.

Ahí, en ese pequeño instante, está la conclusión de esta reflexión, supongo que deberíamos imitarlos a ellos, a los que vendrán, porque de verdad, ellos no son perdedores, son vencedores. Quizás, dentro de todo, todavía hay que tener fe en el porvenir, hay que tener esperanzas en el deporte una vez más, creer que el fútbol en sí, no es una máquina de crear dinero, sino felicidad.

Síndrome de los “veintitantos”

POR MAURI BADRA

Hoy me di cuenta que estoy envuelto en una etapa emocional de mi vida comparable a una tormenta. Un vendaval de pensamientos y sentimientos se cruzan dentro mío y me hacen ir del cielo al infierno en cuestión de segundos y viceversa mientras la cabeza empieza a revolotearme con preguntas sin respuestas. Supongo que estaré padeciendo el famoso SÍNDROME DE LOS VEINTITANTOS que se podrá leer más abajo, con el que concuerdo en un gran porcentaje, por eso tomé una breve pausa para copiarlo y pegarlo junto a una pequeña reflexión del día.

Justo unos minutitos después de una charla con gente muy querida y en medio de una pésima situación anímica y justo antes de encontrar y leer el anterior escrito, agarré la bicicleta y subí hasta la punta del monte más cercano.

Sentado en una piedra, sólo y en libertad reflexioné, pensé y poco a poco me olvidé de todo. Respire y agradecí por estar donde y cómo estoy. Agradecí estar.

AGRADECER es algo que siempre necesitamos y debemos hacer para calmar los remordimientos y reproches que poseemos en nuestro interior, según mi parecer.

Visto todo desde allí arriba siempre es mejor, trae paz y conciencia. La pequeña voz de mi corazón poco a poco fue sonando aumentando su tono, como si cada vez sintiera que estoy mas cerca de la decisión correcta. Nunca fui bueno meditando, aunque vale la pena tratar de practicar y mejorar a diario.

Ahora me quedo tranquilo, sé que dentro de un par de años el hoy será una anécdota y que la vida consiste en desviarse por el camino que creas más reconfortante y adecuado para tu verdadero ser interno. Total, haga lo que haga, siempre después de la tormenta siempre llega la calma, y nunca nada podrá ser de otra manera, entonces debería realizar todo al cien por cien.

Posdata. Luego de subir hasta la punta de la montaña, descendí en bicicleta en un camino resbaladizo de tierra y piedras a una velocidad extrema para cualquier ciclista inexperto, por ahora, sigo en vida tratando de interpretar la trillada frase que sueles siempre escuchar…

“Has algo nuevo y que temas cada día”.

DCIM100GOPRO

SÍNDROME DE LOS VEINTITANTOS

Le llaman la “crisis del primer cuarto de vida”.
Te empiezas a dar cuenta que tu círculo de amigos es más pequeño que hace unos años atrás.
Te das cuenta de que cada vez es más difícil ver a tus amigos y coordinar horarios por diferentes cuestiones: trabajo, estudios, etc…
Y cada vez disfrutas más de esa cervecita que sirve como excusa para conversar un rato.
Las multitudes ya no son “tan divertidas”… incluso a veces te incomodan.
Y extrañas la comodidad del colegio, de los grupos, de socializar con la misma
gente de forma constante.

Pero te empiezas a dar cuenta que mientras algunos son verdaderos amigos otros no eran tan especiales después de todo. Entendiste que la amistad después de todo no se basa en el tiempo, sino en la calidad de la personas que tienes a tu lado.

Te empiezas a dar cuenta de que algunas personas son egoístas y que, a lo mejor, esos amigos que creías cercanos o que los conservas desde hace mucho tiempo, no son exactamente las mejores personas que has conocido y que hay más gente que te rodea, a quienes le debes poner mayor atención y verás quienes resultan ser amigos de los más importantes para ti.
Ríes con más ganas, pero lloras con menos lágrimas, y con más dolor.
Entendiste que el tiempo no sana las heridas, sino que alarga las agonías.
Aprendiste que las peleas son distintas a las discusiones y que las discusiones surgen en base al cariño y engrandecen las relaciones.

Entendiste que los tiempos no existen y que las decisiones hay que tomarlas alguna vez en la vida.
Aprendiste que alguien más que tú puede tener la razón, y que con los sentimientos ajenos no se juega.
Aprendiste que las parejas van y vienen, y que hay gente que queda y que siempre estará.
Aprendiste a escuchar y a valorar los pequeños detalles del resto, que marcan la diferencia entre las multitudes.
Aprendiste que la calidez de palabras, los oídos atentos, las palabras sinceras y una incondicional lealtad, no te la da nadie más que un verdadero amigo.
Aprendiste que la confianza es algo que se siembra, se riega, se cultiva y se cosecha, que hay que ganársela y saber mantenerla.
Que es para una persona especial, que no es para todos, y que lamentablemente no se regala y cuando se pierde es imposible recuperarla.
Te rompen el corazón y te preguntas cómo esa persona que significaba tanto te pudo hacer tanto mal.
O quizás te acuestes por las noches y te preguntes por qué no puedes conocer a una persona lo suficientemente interesante como para querer conocerla mejor.

Los ligues y las citas de una noche te empiezan a parecer baratos, y emborracharte y actuar como un idiota empieza a parecerte verdaderamente estúpido.
Salir tres veces por fin de semana resulta agotador y significa mucho dinero para tu pequeña billetera.
Tratas día a día de empezar a entenderte a ti mismo, sobre lo que quieres y lo que no.
Tus opiniones se vuelven más fuertes.
Ves lo que los demás están haciendo y te encuentras a ti mismo juzgando un poco más de lo usual porque de repente tienes ciertos lazos en tu vida y adicionas cosas a tu lista de lo que es aceptable y de lo que no lo es.
A veces te sientes genial e invencible, y otras… con miedo, solo y confundido.
De repente tratas de aferrarte al pasado, pero te das cuenta de que el pasado cada vez se aleja más y que no hay otra opción que seguir avanzando y de saber conservar bien el presente porque será tu única compañía en el
futuro.

Lo que puede que no te des cuenta es que todos los que estamos leyendo esto nos identificamos con ello.
Todos nosotros tenemos “veintitantos” y nos gustaría volver a los 15 -16 algunas veces, pero sabemos que hay gente que ha aparecido en nuestro camino durante estos ultimos años que son únicos.
Parece ser un lugar inestable, un camino en tránsito, un desbarajuste en la cabeza… pero TODOS dicen que es la mejor época de nuestras vidas y no tenemos que desaprovecharla por culpa de nuestros miedos…
Dicen que estos tiempos son los cimientos de nuestro futuro, que las amistades universitarias son las verdaderas y que estamos entrando a la realidad de nuestras vidas.
Parece que fue ayer que teníamos 16… ¿¡Entonces mañana tendremos 30!? ¿¿¿¡¡¡Así de rápido!!!???
Hagamos valer nuestro tiempo…que no se nos pase!
“La vida no se mide por las veces que respiras, sino por aquellos momentos que te dejan sin aliento”…

-A.

Lo que ellos no saben

Ultimamente no tengo mucho tiempo, ya se sabe que el final de curso es una época complicada para los estudiantes, y más aún si además de ser final de curso es final de carrera. Así que he descuidado un poco el blog, pero hoy he leido este texto que os copio, me ha gustado y me he sentido identificada, así que he pensado que podía ser una buena entrada. Espero que os guste.

SÍNDROME DE LOS VEINTITANTOS

Le llaman la “crisis del primer cuarto de vida”.
Te empiezas a dar cuenta que tu círculo de amigos es más pequeño que hace unos años atrás.
Te das cuenta de que cada vez es más difícil ver a tus amigos y coordinar horarios por diferentes cuestiones: trabajo, estudios, etc…
Y cada vez disfrutas más de esa cervecita que sirve como excusa para conversar un rato.
Las multitudes ya no son “tan divertidas”……

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Alguna vez has corrido simplemente porque si?

POR MAURI BADRA

Lo importante no es la meta, si no el camino. La mayoría de las cosas que escribo las pienso mientras corro, será porque me sumerjo y tengo un cable a tierra, reflexiono, pienso y no pienso. Se me vienen cosas extraordinarias a la cabeza, frases, canciones y demás cosillas que terminan haciendo que acelere más para volver a casa y escribirlas en un trozo de papel. Alguna vez has corrido porque si?

Descubri una pequeña pasión en correr, simplemente atarte los cordones (agujetas) y salir a correr, y ver que pasa, sin tiempo ni recorrido específico, dejarte llevar por lo que sientan tus pies y tu cabeza y de vez en cuando seguir el rastro de alguna chica que te gustó.

Debe haber un motivo escondido que hace que lo haga. Una vez comenté que iba a correr una maratón sin prepararme, porque quedaba una semana para el evento, estaba en una mesa con amigos y familiares, algunos de ellos se me rieron e hicieron comentarios rellenos de sacarsmo, el mensaje era claro: NO PODÉS CORRER sin prepararte. Que lindo que te digan que no, haciendo memoria de mi último post, que hice? Fui, me inscribí, salí a correr lunes y martes, un poco de bicicleta el jueves y el sábado fueron un poco más de 6 horas en una carrera de aventura en Córdoba, Argentina, mi lugar natal. Casi me muero, exhaustado, cansado, agobiado, con tormentas de por medio, nadie me esperaba en la meta, pero lo hice, la satisfacción que se siente al cruzar una meta es algo inexplicable, simplemente si quieres saberlo, ve y hazlo.

Empezé a hacerlo más seguido, sin razón alguna, vino otra pequeña maratón y aquí estoy, 3 años después corriendo a diario por el cantero de la calle Amsterdam, en la colonia Condesa del Distrito Federal.

Si nunca has venido a México, esta calle tiene algo especial para correr, he corrido en muchos lugares del mundo y éste sin duda es uno de mis favoritos. Una mezcla urbana de gente, extranjeros, perros, valets parking, rubias despampanantes, árboles y lluvia que generan algo especial. Correr de noche hace que los faroles te confundan y pienses que hay alguien que esta por sobrepasarte y ese ego interno que muchísimos de nosotros escondido tenemos hace acelerarte sin querer, sin dejarlo pasar al que viene detrás pero luego te das cuenta que el que corre detrás no es nadie más que tu propia sombra.

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Entonces te das cuenta de qué tu propia vida es una carrera. O mejor dicho, una carrera es cómo la vida. Es una lucha constante contra tu peor oponente, tú mismo. Una lucha dónde todos los sentidos toman parte. Eres tú contra tú, tus sentidos y tus cirscunstancias. Y mira qué solo cuentas con 3 armas para seguir, pase lo que pase. Cuerpo, Mente y Espíritu. Debes mantenerlas de tu lado, porque también pueden estar en contra, son fuertes pero débiles al mismo tiempo, peligrosas y traicioneras.

Correr es huir, correr es vivir, correr es querer llegar a algún destino sin saber específicamente cómo pero sabiendo que lo vas a lograr, sabiendo que hay un camino detrás pero lo que viene siempre es mejor y más divertido. Correr te da resistencia, física, mental y espiritual.

Anoche, corrí sin ganas, quería volver a acostarme y descansar, estaba llegado a destino cuando de pronto escuché mi canción favorita, es mi pequeño secretito, no les voy a decir cuál es pero tiene que ver con todas esas cosas que hice. El pecho se me inflaba, mi corazón se tranquilizaba y cada paso que daba visualizaba a mi alrededor miles de personas saludando y dando fuerzas a un desconocido, como si estuviera en el final de la maratón de New York chocando manos en los últimos 200 metros, un sueño que algún día realizaré sin duda.

Correr es bueno, es salud y te transporta a otra realidad.

Es el día a día, es estar ahí y hacer.

Y ahora los dejo, me voy a vivir, digo… correr.

“The race is long, and in the end, it’s only with yourself”

NO, NO, NO y otra vez NO.

POR MAURI BADRA

Cuál es la clave para el éxito? Cuántas veces deben decirnos que No para ser exitosos? Acaso Michael Jordan fue rechazado miles de veces antes de ser el mejor basquetbolista de la historia?

Preguntas que se me vienen a la cabeza, miles de preguntas casi todas similares entre sí. Sinceramente estoy cansado de recibir tanta negatividad y tantos NO en los últimos meses de mi vida. Siempre creí y fomenté la Ley de Atracción de Pensamientos. Soy víctima de mi propia negatividad. Incluso ni siquiera es mía, es una negatividad que me invade de afuera porque nada me sale bien porque yo creo que nada me sale bien.

Es una situación pésima.

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Primero que nada quiero aclarar que deseo ferviertemente que este blog no termine siendo un espacio de meditación o de liberación de pensamientos y sentimientos, quiero que sea un blog, que hable sobre cualquier cosa que tenga en mente, pero por favor me pido a mí mismo que no se transforme en un diván ni en un despacho de psicología.

Así que si por favor alguien me lee y ande por ahi con ganas de dejar algo que decir, que lo diga, incluso hasta si es ofensivo o triste, como mi newie blog. PLEASE SHOOT!! 🙂

Estamos haciendo lo correcto? Le estamos dando fuerza a nuestros deseos? Qué tanta fuerza? Cuánto tiempo tiene que pasar para lograr encontrarse a uno mismo? Cuántos no debo recibir? Cuantás veces debo ser rechazado? No quiero ser negado, porque quizás la vida es una especie de prueba y error, pero a dónde esta la parte de prueba y acierto?

No sé si habrá algún otro blog en español en WordPress, debería de averiguar, así que si alguien habla principalmente inglés u otro idioma, THIS IS THE PERFECT WAY TO LEARN SPANISH!! READING BULLSHITS!!

Simplemente, ya no creo en eso que dicen las buenas y malas lenguas de por ahí en que tenemos una pasión, una misión o algo en la vida por la que venimos a este mundo a cumplirla y listo se acabó. Gracias a Dios, o como se llame, no ES tan simple. Está bueno pasarla mal, pasarla bien, tener altibajos, tener plata o no tener que comer, vivir acá, vivir allá, etcéteras y etcéteras. Es divertido vivir. Amo vivir. Pero hay días en los que me digo a mi mismo: “la puta madre hasta cuándo esta vida loca!!!”

Entonces la reflexión del día es, si no estamos haciendo lo que realmente deseamos y anhelamos con toda nuestra alma y fuerza interior, recibís un NO. O quizás sea al revés, si estás haciendo lo que amás, vas a recibir tantos NO, NO y NOS de diferentes gustos, sabores, tamaños y colores pero vas a RESISTIR. Cueste lo que cueste. Como decía mi gran amigo Rocky. La vida viene y te golpea, no importa cuán fuertes sean tus golpes, si no tu capacidad para aguantar y volver a levantarte.

Apreciando y leyendo entre líneas habrán descubierto que tengo unos dilemitas con mi verdadera Razón de SER. Mi objetivo en la vida es descubrirme a mi mismo. WON’T YOU PLEASE HELP ME, HELP ME!!?? (suenan mis 4 amigos from Liverpool en los auriculares exactly in this moment y es como estar extasiado, les aseguro)

Quizás necesito escribir más, quizás necesito hablar con más personas, quizás necesito amor… quién sabe, algo como la historia de cartitas de mi gran amigo, pero no voy a hablar de ese tema en este post pero les dejo un avance sobre la supuesta relationship, a ambos les gusta mi amiga María, algo en común por lo menos.

Quizás necesito seguir haciendo lo que me trajo hasta acá, VIAJAR.

Recorrer miles y miles de millas para conocer el mundo. Discover the World —> Discover Myself. Con ese propósito salí de mi casa, perdí el supuesto pasaje de avión de regreso, sabiendo que no iba a regresar, al menos no por ahora, me falta tanto por recorrer que no pienso en una vuelta como una posibilidad, así que espero que algunos de los posteos siguientes no sean desde el Distrito Federal sino de algún otro lugar especial que seguramente ya me estará esperando. ESPERANDO A DECIRME QUE NO TAMBIÉN. Je, dirán que estoy negado, pero en el fondo me gusta que me digan que No, me empuja a seguir convencido de lograr todo lo que quiero, de agarrar el gustito de la vida, sólo de vez en cuándo debo recordarme a mi mismo que tengo miedo, pero mientras más grande el MIEDO, más grande la VICTORIA dentro del alma al superarlo.

Sólo por favor recuerdáme que no deje todo a la mitad, algo con lo que tengo que lidiar toda mi vida, todo a la mitad, todo lo que hice y hago es a la mitad, por favor MENTE que estás enviando información a mis dedos para que tecleen a una velocidad incríblemente digna de un guionista o programador de pc, no dejés que deje de escribir. Lindo poema.

Feliz Martes 13

POR MAURI BADRA

Hoy, Miércoles 14 voy a postear sobre lo que escribí ayer Martes 13 en un trozo de papel, mientras ya mi mente imaginaba a toda máquina el blog que hoy, desgraciadamente ha sido creado. Debo comentar que investigué sobre varias formas y consejos para crear un blog, pero al final no hice caso a ninguna, simplemente empezé a escribir y al que no le gusta, que se curta.

Voy a escribir sobre la felicidad, o al menos sobre cosas que me hacen reflexionar sobre la felicidad. No soy un tipo supersticioso. El número 13 no viene al caso, simplemente es eso, un número, puedas identificarte con él o no, aunque a lo largo de tantos años oyendo tantísimas historias de mala suerte relacionadas a él, suponemos que alguna especie de fetichismo en nuestra cabecita habrá dejado encarnado. Algunos, suelen decir que el cerebro retiene muchísima información inconscientemente.

Volvemos al tema mencionado en el párrafo anterior, sí, esa pequeña cuestión que tanto nos vuelve locos y que generalmente toma mucha connotación en las películas de tono hollywoodenses o en las historias de cuentos infantiles. Vamos a hablar de esa “cosa”, la felicidad.

Para aclarar, no soy escritor, soy simplemente un boludo escribiendo las primeras cosas que se le vienen a la cabeza de una forma más o menos ordenada, prometo corregirme luego. Ahora podrán apreciar de donde soy originario, pero prefiero decir que simplemente soy del mundo, como vos, como ella, como aquél o aquella.

Ahora, habría alguna razón por la que un pibe de 21 años no pueda escribir sobre felicidad? (Ya me van conociendo un poquito más)

Generalmente si alguien más grande en edad te escucha opinar sobre temas “de la vida“,  o si intentas dejar algún tipo de enseñanza o simplemente te atreves a dar un consejo a alguien, te dirán que te falta mucha chocolatada por tomar, o al menos lo pensarán en su interior.

Es una realidad triste, pero verdadera al fin, quizás un vagabundo sepa más de la vida que yo, o qué un tipo que viajó por todo el mundo tenga más “universidad de la calle” como le dicen ahora. Más experiencia, seguro.

En fin, sin perder el hilo de la conversación entre vos y yo, querido lector, prometo llegar a alguna conclusión desde mis propias experiencias de vida, o al menos eso espero. Tenganme paciencia, soy nuevo en esto y vaya materia que escogí para escribir, ruego que mis antiguas profesoras de lengua castellana nunca lean esto, a donde carajo quedo la introducción, desarrollo y conclusión !?!%#

La felicidad. Tengo un menjunje interior con el que lucho día a día y sospechar que miles de personas sienten lo mismo que yo en este preciso momento es lo que me tranquiliza un poco. Es ese famoso y reconocido tormento: ¿Qué carajo hago con mi vida?

Nunca faltan las frases sabias, trilladas e indispensables como SÉ FELIZ, CARPE DIEM, HAZ LO QUE TE GUSTA, VIVE EL DÍA A DÍA, NO REGRETS y la puta que lo parió. Yo mismo me he escuchado decírselo a gente, pero ni siquiera yo puedo lograrlo, seria perfecto si tan solo pudiera aplicarlo a mi vida. Es un tema complicado y sé que estarás de acuerdo conmigo en este punto.

Sin embargo, hoy sentí que debía escribir y eso estoy haciendo. Supongo que es un comienzo, como así también sentí que debía irme de mi casa a los 20. Buscando una forma, estilo de vida diferente, donde nadie me regale nada y me tenga que hacer hombrecito a la fuerza, me fui para “ser feliz”, perseguir algún sueño, quién sabe.

El Martes 13 de Agosto de 2013, fue un día de mierda. Exageradamente hablando, nada drástico, pero ya saben a que me refiero, típico día en que no pegás una, en el que tu equipo favorito pierde, se te pincha una rueda o llegas tarde a una entrevista de laburo por el tráfico de la ciudad. Pero siempre,  en algún rinconcito, tenes la esperanza de que te queda la mitad del día para que todavía pueda ser un gran (medio) día.

Todo depende de la forma en que veas las cosas.

Eran las 19:17. Mientras el café ya frío tiembla con el movimiento de la mesa generado por mi mano impulsando un bolígrafo sobre un pedazo de papel, miro la CIUDAD DE MÉXICO desde arriba… desde un restaurante giratorio para ser más preciso.

Veo las cosas de una forma diferente, todo parece tan diminuto, tan hormiguita. Y el sol brilla más que nunca, probablemente por la tarde de verano, pero las nubes de smog no pueden frenarlo para nada. Mi amigo sentado junto a le manda cartas a través del mesero a señorita sentada a 20 metros en otra mesa, girando en simultaneo con nosotros, como si nos persiguiera. Sigo escribiendo, inspirándome con tal potencial comienzo de una historia de amor.

Entonces, hago click, lo capto una vez más, me sube el agua al tanque. Es simple, la Felicidad está en los pequeños momentos. Es espontánea y asombrosa, es invasora e instantánea. Llega más rápido que la luz y se apodera de cada partícula, átomo e ínfimo rincón de nuestro cuerpo.

Bastó con que el universo conspirara con toda su fuerza para que me subiera al coche de ese taxista, que estaba del otro lado de donde se pueden ver las cosas. Ese taxista tenia otra perspectiva totalmente diferente de las cosas. Insertó un CD del Guardaespaldas en el reproductor. Bastó con escuchar la siempre asombrosa voz  de Whitney para que la combinación de tráfico, lluvia y ruidos molestos me parezca simplemente hermosa. Por que así es la felicidad, simple. Todo que mis sentidos percibían era BELLO Y SANO.

Bastó con que todo lo que me pasó en la vida me lleve a estar sentado en esta sala de cómputos en ésta biblioteca pública, en este preciso instante, perfecto instante en el que estás leyendo esto, para darme y que te des cuenta de que no hay nada mejor que vivir.

Poco a poco voy perdiendo la inspiración para expresar lo que siento, hace minutos sentía que mi mente y toda la información que fluía iba 100 veces más veloz que mis manos.

Ahora, empiezo a relajarme y volver al estado de la realidad, la felicidad desaparece y comienza de nuevo mi camino de incertidumbre. Espero dejar sorprenderme con más momentos felices, pero no quiero darme cuenta de que estoy feliz, para poder disfrutarlo más. No quiero frenar los pequeños instantes para grabarlos, tomarles una foto o para escribir, quiero disfrutarlos.

Martes 13, un día en el que descubrí que la felicidad y la vida van de la mano, y que en el camino pueden pasar muchas cosas, pero siempre están ahí a la vuelta de la esquina, esperando para robarte momentos, hacerte olvidar el tiempo y reventar tu cuerpo de sensaciones. Un Martes 13 descubrí que me gustaba escribir.

Alguna leí que para sonreír se necesitan solamente 13 músculos.
Ahora, deja de leer a este boludo y andá a disfrutar, salí a caminar y escuchá la música que te gusta.
Un último consejo, SÉ FELIZ.

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