Entre laberintos y dialectos

POR SEBA TRONCOSO

Caminar por las calles adoquinadas de Europa del Este fue similar a recorrer una línea de tiempo. Cada pasillo se conecta con otro y así, como si fuesen las raíces de un árbol, te muestran un sinfín de momentos vividos a lo largo de la historia.

A partir de cada relato que se podía escuchar, en idiomas raros y diferentes dialectos, logré entender su idiosincrasia y hasta en cierta forma, comprendí el porqué de sus frías personalidades.

Primera parada, Praga.

Praga

Llegar a la capital de República Checa y quedar enamorado fue de verdad, muy fácil. Apenas llegué, acomodé mis cosas y salí a recorrer.

Praga 2

Me encontré con un argentino que me invitó a hacer un free walking tour. Recorrimos el casco histórico de la ciudad y conocimos su historia. Algunos pasadizos eran tan amplios que se podía ver que sucedía exactamente del otro lado, sin embargo en Praga hubo uno que fue el que más me llamó la atención ya que no pueden pasar dos personas enfrentadas al mismo tiempo y para acceder hay que activar un semáforo.
Al otro día crucé el Río Moldava a través del puente de Carlos, el más viejo de la ciudad para llegar a la entrada del Castillo de Praga, repleto de asombrantes torres y palacios enormes. En este lugar se encuentra la Catedral de San Vito, dueña de vitros de 24 mil cristales y torres góticas custodiadas por gárgolas espeluznantes.

Praga 1A su alrededor, lo que sin dudas es un atractivo digno de visitar es el Callejón del Oro, con 24 casas muy pequeñas que en sus inicios fueron construidas para los guardianes del castillo, pero que un siglo después fue habitado por orfebres y desde ahí comenzó a llamarse como se lo conoce hoy en día.

Luego de unos días en Praga, acomodé la valija y salí hacia Polonia. Juro que me hubiese quedado mucho más tiempo.

 

Segunda parada, Varsovia.

Varsovia

Llegué a Polonia con unas ganas impresionantes de tomar mates así que llené el termo, cargué yerba y salí a caminar. Al entrar al centro histórico de Varsovia, unas señoras argentinas me frenaron para compartir un mate y nos quedamos charlando un rato. Nada más lindo que escuchar tu idioma por unos minutos cuando estás lejos de casa.

Varsovia 2

A partir de un dato que recibí de mis compatriotas, viví una experiencia increíble, yendo a comer al único bar de leche que quedó en pie desde los años de la Unión Soviética. Se mantiene tal cual fue creado y aún mantiene algunas empleadas desde la época del socialismo, las cuáles hablan un polaco muy cerrado e inentendible. El bar tiene un mostrador y tres ventanas; en la primera una señora te recibe el ticket con la orden que abonaste en el mostrador y a los pocos minutos, desde la segunda ventana aparece una señora gritando con varios platos en su mano. Como no sé hablar polaco, levanté la mano por intuición y recibí un plato que a lo mejor no era para mí, aunque la verdad tuve mucha suerte y comí riquísimo. La tercera ventana es para devolver el plato sucio.

Varsovia 2

Los bares de leche eran lugares en donde las personas iban a buscar la ración de comida que les correspondía para ese día. El único alimento que no era controlado era la leche por ende los habitantes bebían incontables litros por día. Con el pasar del tiempo, los bares empezaron a producir derivados lácteos para continuar alimentando a los polacos.

Después de recorrer el ghetto de Varsovia, La Barbacana y el resto del centro histórico, preparé mis cosas y me fui a tomar el colectivo que me llevaría a Letonia.

Tercera parada, Riga.

Riga

El viaje a Letonia comenzó bastante complicado desde un principio, cuando el chofer del bus, que sólo hablaba letón, no me creía que yo fuera el mismo de mi pasaporte. Luego de explicarle mediante señas logré mi cometido y me subí al colectivo donde me esperaban 12 horas en un asiento un tanto incómodo.

Apenas pisé suelo letón aproveché para salir tranquilo a hacer una recorrida para ver de qué se trataba el lugar. Sin embargo, estaba super cansado por el viaje y decidí ir a descansar. Al otro día me levanté bien temprano y me sumé a varios tour para conocer el casco histórico y el distrito Art Nouveau, mantenido intacto y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por la forma en que se conservan los ornamentos de las edificaciones.

Riga 1Riga 2

Vale aclarar, que durante mi estadía en Riga no la pasé muy bien debido a una intoxicación que me dejó de cama, infaltable en cualquier rutina de viaje.

Cuarta parada, Tallin.

Tallin

La llegada a la capital de Estonia, ubicada a orillas del Mar Báltico, no fue muy llevadera ya que nuevamente tuve que hacerme entender mediante gestos más que con inglés, sumado al dolor que cargaba y encima llegué a un hostel indeseable. Lo único que importaba era encontrarle la salida rápida al malestar fue por eso que decidí hacerme un té y acostarme a dormir.

Tallin 1

Apenas arrancó un nuevo día salí a recorrer la vieja ciudad. Al rato me pasó algo muy loco y divertido. Tuve explicar que era el mate, bebida tradicional de Sudamérica completamente normal para un argentino, pero a la vez exótica para otros turistas ya que, mientras cebaba durante la presentación del guía del tour logré captar la atención del grupo y a causa de ello me pararon en frente de todos para explicar qué estaba haciendo. Algunos creo que todavía tienen ciertas dudas.

Ese día no disfruté mucho por la cantidad de turistas en el lugar pero me sirvió para saber de qué se trataba cada lugar y salí a recorrer sin gente a mi alrededor luego y así poder disfrutar tranquilo.

Tallin 2

En Estonia se pueden apreciar templos ortodoxos con estilo ruso además de muros construidos de forma inexplicable pero lo que más me llamó la atención fue una imponente iglesia que guarda los escudos familiares del siglo X, XI y XII. Indescriptible.

Así terminó este hermoso recorrido por un laberinto de callejones adoquinados con música propia, colores pasteles en sus paredes, arcadas de ladrillos gastados que muestran el paso del tiempo, para emprender viaje hacia el padre del Norte.

Quinta parada, Oslo.

Oslo

Oslo es impresionante. Tiene kilómetros de parque, toda la ciudad se encuentra limpia, hay edificios futuristas y la gente es muy amable.

Acá tuve la oportunidad de conocer el Norsk Folkemuseum (Museo del Pueblo Noruego), un lugar al aire libre que te muestra cómo era Noruega hace muchos años atrás permitiéndote conocer su cultura y las sociedades que vivian en los fiordos y costas de los lagos.

Oslo 1Oslo 2

Sinceramente, Noruega es un país para visitar y recorrer con tiempo, caminando, acampando y hasta remando en algún lago.

Ahora ya nuevamente en Barcelona, me doy cuenta del cansancio que tengo, pero feliz por todo lo que conocí y lo poco que dormí con tal de vivir momentos tan especiales en los rincones más atrapantes de Europa del Este.

Como dice Jorge Drexler:

Somos una especie en viaje

no tenemos pertenencias, sino equipaje

vamos con el polen en el viento

estamos vivos por que estamos en movimiento”

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Y nada es más lindo que estar en movimiento.

Seba Troncoso

 

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