“The dream is over. What can I say?”

POR MAURI BADRA

Esas simples palabras fueron las que utilizó nuestro amado John Lennon para demostrarle de alguna forma al mundo entero que ya nada era igual. El fuego se apaciguó con el mismo furor que lo había desatado, de los cuatro, fue cada uno por su lado, el sueño había terminado. Eligió transcribirlo en un poema, bautizado ni más ni menos como “God” (Dios), utilizando una de sus armas favoritas, la música, encerrando entre líneas lo que pronosticaba el fin de una Era, la de “The Beatles”.

Me veo motivado a extraer ese pedacito de canción para darle alguna especie de final a este círculo, valga la redundancia, ya que el círculo es uno de los pocos símbolos eternos, hasta incluso aunque pueda sonar algo irónico, todo tiene que terminar alguna vez.

Hoy no termina este viaje. Sigue y permanece constante por el resto de nuestras vidas en nuestro interior, es ese viaje hacia ese estado de conciencia, donde todo es aquí y ahora, a veces, un destino casi imposible de alcanzar. Hoy en este día, simplemente trato de guardar momentos y dejarlos flotar en mi recuerdo, por así decirlo, es preferible llamarlo así de esa manera, evitando traer a colación la palabra “etapas”.

Elijo creer que la vida no es una serie de etapas, sino un conjunto de millares de momentos. Diferentes o similares, pequeños o de gran magnitud. Momentos, a secas, que analizados aisladamente suelen ser historias dignas de alguna obra cinematográfica o de charlas madrugadoras. Momentos que se fusionan perfectamente cuál rompecabezas infinito. Tan sólo basta tratar de imaginar la cantidad de momentos que una sola persona vivió a lo largo de toda su vida para comprender la magnitud de lo que estamos hablando. Intentar asimilar todos los momentos que forjaron la historia de la humanidad provocaría un problema serio de migraña o desataría la locura.

A veces reflexiono y pienso que nacemos como un lienzo en blanco, impecable, limpio y puro. Y que cada situación o hecho en la vida que nos sucede a nosotros mismos y a nuestro alrededor, cada estimulo, por más ínfimo que sea, es una rayita que se impregna en nuestro lienzo. Cada una de esas lineas, manchas o puntos tiene su propia textura, color y forma. Solamente cierra tus ojos e imagina tu propio lienzo en blanco, contaminado de historias y cicatrices que te hacen ser hoy en día lo que en cuerpo, mente y alma aparentas ser. Ahora, con un poquito más de dificultad, súmale tus vidas anteriores. Imagina ese lienzo como estaría hoy en día, como fue cambiando de textura y de colores durante toda la historia de tu existencia, imagina el grosor y el peso que carga. Porque al fin y al cabo todos los seres que se cruzan en nuestros caminos aportan su granito de arena para que hoy seamos lo que somos y estemos donde estamos y viceversa, nosotros hemos interferido en otras vidas también.

Para descubrir lo que realmente somos, deberíamos tratar de quitar esa enorme pintura, no porque sea mala, para nada, todo lo contrario, deberíamos saber despegarla para conocer nuestra esencia pura y luego cargárnosla de nuevo. Ahora viene la parte difícil donde te preguntas como hacerlo. Esa es la cuestión y no soy el indicado para enseñarte, al menos todavía no.

Saliendo de nuestro pequeño juego mental, seguimos con el relato después de aburrirlos con tanto preámbulo. De vuelta en casa, siento felicidad. Estoy feliz de estar viviendo el día a día, trato no perder esas gotas de mística que uno adopta personalmente de los perfectos lugares que va visitando y aquellas enseñanzas que nos quedan luego de conocer una por una las perfectas personas que atraviesan nuestros caminos. Estaría altamente errado en creer que esos olores, recuerdos, consejos, paisajes y demás son míos, porque no me pertenecen, no son de mi propiedad, simplemente contribuyeron a hacer de uno lo que es en la actualidad.

Claro que sí, acá es distinto, es inevitable aceptarlo. El hogar en sí es distinto, en nuestro accionar día a día no nos dejamos llevar por las pasiones, cometemos la tremenda equivocación de convertir nuestros quehaceres en algo odiado, que solemos nombrar rutina, aun siendo conscientes de que todos los días geniales y nosotros somos LIBRES para hacer algo nuevo, algo distinto, algo a lo que temamos, algo que nos mueva aunque sea un poquito el pulso y sin embargo, por una u otra razón, no lo hacemos.

No puedo negarlo, he vuelto a mecanizarme, he vuelto a hacerme rutinario, a dejar de pensar y reflexionar el porqué de nuestras vidas, he dejado de preguntarme cual es mi misión en este planeta, o a veces como me gusta contestarle a los que que me sacan el tema, “estoy descansando de la verdad”.

Escuché variadas veces que el hábito de repetir acciones no es malo, que repetir alguna actividad nos acerca a la perfección y que cualquiera puede ser experto en realizar cualquier cosa que se ponga en mente.  Ahí está el condimento secreto que diferencia la repetición de la perfección, el stress de la rutina a la satisfacción del trabajo. La PASIÓN. Fácil de decirlo, no? Del dicho al hecho…

Continuo buscándome, aún estoy ahí, escarbando dentro de mí, golpeando puertas, esperando respuestas, de vez en cuando rasco esas cascaritas internas que te pican y te intrigan. Me muevo, me acostumbro al hoy. Nunca es momento de reproches y muchísimo menos de arrepentimientos. El arrepentirse de algo, es desesperado y de mal gusto. Sucede cuando las decisiones no son tomadas con el corazón. Intentando equilibrar el punto medio entre nuestro pecho latente y nuestra mente pensante. Del dicho al hecho…

La vida no es fácil, nunca lo fue para nadie. Nos juzgaran y corregirán, intentaran aconsejarnos y darnos ideas, habrá gente para todo tipo de situaciones, algunos “hablarán con el diario del lunes”, te dirán lo que hubieran hecho ellos en tu lugar, lástima, el universo te llevo a ti a ese espacio-tiempo indicado e hiciste lo que tenías qué hacer. Te van a dar la espalda, sábelo, no te desesperes. El tiempo es tu mejor aliado, para trascender hay que saber esperar.
A veces me convenzo repitiéndome: Hay que seguir, no hay razón para dejar de sonreír.

Viajar requiere muchísimo tiempo y muy poco también, al fin y al cabo, unos meses o años en una vida es nada, pero esa vida no sería la misma si se los quitáramos, definitivamente no lo sería. Podrás estar lejos de aquí o de allá según como lo veas, pero el asiático que se está levantando a trabajar cuando vos te vas a dormir está pisando el mismo pedazo de tierra que vos, no le busquemos la vuelta. O mejor dicho, si te gusta, búscale la vuelta al planeta tierra, puede llegar a ser lo más extraordinario que pueda sucederte.

Recorrer el mundo a tu manera, te deja lecciones aprendidas, experiencias vividas por doquier y anécdotas para tirar a la manchancha. Puede ser valedero sentarse y escuchar con una cervecita en la mano algunas historias de viaje, o leerlas como es el caso. Una vez me llamó mucho la atención lo que contestó en una entrevista un tipo que se dedicaba a viajar por el planeta, cuando le preguntaron si le gustaría conocer todos los países del mundo. “Es una meta atractiva, aunque de todas formas viajar no es llenar el pasaporte de sellos, es estar ahí, vivir, conocer la cosmovisión de la gente, ser parte del tiempo”, expresó.

En mi caso personal, muchos me preguntaban cómo me había ido. Y yo me quedaba literalmente mudo, no sabía que decir, es más, admito que alguna vez conteste por simple cortesía. Es una pregunta difícil de responder cuando renuncias a tu sueño, porque los demás te escuchan pero oyen lo que quieren oír de tu experiencia, miden tu éxito o tú fracaso según sus perspectivas llenas de subjetivismo, te juzgan y eso duele.

Te duele porque a veces después de tantísimo esfuerzo, paciencia y dedicación, al encontrarte a un paso de agarrar de lo que realmente deseas, el miedo logra apagar tanta luz. Y posteriormente sentís que lograste miles de cosas inimaginables, aun si un vidente te contara lo que fueras capaz de hacer, no lo creerías.  Los miles de kilómetros recorridos y las experiencias vividas no te las quita nadie, son manchas que quedan grabadas para siempre en nuestras memorias de vida, que probablemente sean transmitidas a futuras generaciones.

Simplemente bastaba ESTIRAR EL BRAZO y agarrarlo. Hablando metafóricamente, claro. No importaban los números, los tiempos y la distancia. Hacerlo era  la única solución, dejarlo fluir y todo iría bien, pero eso lo veo hoy después de que el agua corrió.

En esos momentos donde la actitud, espíritu y fuerza interior que solía empujarte empieza a desaparecer es cuando comienzas a preguntarte porqué estás ahí y no en otro lugar.

Ya en el límite entre California y Nevada, Estados Unidos. Junto a Sally Lemonade, una motor home de los ’80, el juego que jugábamos era distinto, las reglas habían cambiado y todo era  desconcertante, quedaba todo un nuevo viaje por delante, sin embargo la pasión se desvanecía, viajar se había vuelto una rutina y tener que preocuparse porque comer y donde dormir a diario dejaba de ser entretenido, y al mismo tiempo el bolsillo aúllaba de gritos de dolor. Suenan como excusas, aunque simplemente las llamaremos circunstancias. Tenia todo el universo a mi favor y todas las circunstancias en mi contra y hoy siento que me rendí al dar un paso al costado, aunque creo fervientemente que nunca nada pudo haber sido de otra manera.

A veces pienso que estuve soñando dormido todo ese tiempo, luego desperté y todo era como antes, las grandes personas que estuvieron a lo largo del camino en realidad no estuvieron y parecen ser personajes ficticios de alguna película o creación de nuestra subconsciente.

Algunos piensan que volver a casa es aceptar tu derrota, asumir que tu globo se pinchó y que tu sueño terminó de forma desganada. Escribir sobre volver a casa es peor, se los aseguro, es como utilizar tu propia sangre en vez de tinta. Es remover cicatrices y viejas heridas mientras no paras de hacer muecas con la boca y morderte el labio inferior como haciendo fuerza para retener algo que quiere salir de adentro.

Es entender que hoy ves todo de una manera diferente. Tus ojos, tu cuerpo, tu sangre y tus huesos son exactamente los mismos, quizás un poco más desgastados, pero lo que está dentro esta revuelto y es una mezcla deliciosa de emociones, créanme.

Es darte cuenta de que sos una mínima pieza de un gran y espectacular engranaje. Es descifrar que el tiempo pasó y que las partes del rompecabezas fueron encajando de alguna u otra forma como por arte de magia, cuando giras la cabeza y miras para atrás.

Retornar al hogar es agradecer ver y sentir las cosas de una manera distinta. Es intentar más que nunca apreciar la sencillez de las cosas y de las relaciones con otros seres. Es no parar nunca de buscarnos interiormente. Regresar es ser paciente y esperar que esa chispa vuelva a prenderse más que nunca, es tener fe en que la próxima vez que todo juegue en contra tuyo no vas a rendirte y atravesaras cualquier pared que se ponga en frente y seguirás adelante.

Volver a casa es saber que tu mochila está nuevamente vacía, esperando a ser ocupada por un pedazo del universo otra vez.

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“And so dear friends
You just have to carry on”

2 comentarios sobre ““The dream is over. What can I say?”

  1. Pesar que eso es la vida,momentos que llenan el alma, y la forma de buscarte interiormente porque realmente estamos en.búsqueda de nuestro yo.interior y nuestro papel en este mundo…nos llevamos momentos y no cosas, nos llevamos recuerdos que cambian nuestra vida… realmente lo que haces es muy valioso, no solo porque nos compartes tus experiencias, sino porque nos regalas un poco de tu esencia…algo que es poco común ver… como dices volver a casa, no es un derrota es empezar nuevamente con otra perspectiva de ver las cosas… Me encanto este post ! , un gusto haberte conocido

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