Feliz Martes 13

POR MAURI BADRA

Hoy, Miércoles 14 voy a postear sobre lo que escribí ayer Martes 13 en un trozo de papel, mientras ya mi mente imaginaba a toda máquina el blog que hoy, desgraciadamente ha sido creado. Debo comentar que investigué sobre varias formas y consejos para crear un blog, pero al final no hice caso a ninguna, simplemente empezé a escribir y al que no le gusta, que se curta.

Voy a escribir sobre la felicidad, o al menos sobre cosas que me hacen reflexionar sobre la felicidad. No soy un tipo supersticioso. El número 13 no viene al caso, simplemente es eso, un número, puedas identificarte con él o no, aunque a lo largo de tantos años oyendo tantísimas historias de mala suerte relacionadas a él, suponemos que alguna especie de fetichismo en nuestra cabecita habrá dejado encarnado. Algunos, suelen decir que el cerebro retiene muchísima información inconscientemente.

Volvemos al tema mencionado en el párrafo anterior, sí, esa pequeña cuestión que tanto nos vuelve locos y que generalmente toma mucha connotación en las películas de tono hollywoodenses o en las historias de cuentos infantiles. Vamos a hablar de esa “cosa”, la felicidad.

Para aclarar, no soy escritor, soy simplemente un boludo escribiendo las primeras cosas que se le vienen a la cabeza de una forma más o menos ordenada, prometo corregirme luego. Ahora podrán apreciar de donde soy originario, pero prefiero decir que simplemente soy del mundo, como vos, como ella, como aquél o aquella.

Ahora, habría alguna razón por la que un pibe de 21 años no pueda escribir sobre felicidad? (Ya me van conociendo un poquito más)

Generalmente si alguien más grande en edad te escucha opinar sobre temas “de la vida“,  o si intentas dejar algún tipo de enseñanza o simplemente te atreves a dar un consejo a alguien, te dirán que te falta mucha chocolatada por tomar, o al menos lo pensarán en su interior.

Es una realidad triste, pero verdadera al fin, quizás un vagabundo sepa más de la vida que yo, o qué un tipo que viajó por todo el mundo tenga más “universidad de la calle” como le dicen ahora. Más experiencia, seguro.

En fin, sin perder el hilo de la conversación entre vos y yo, querido lector, prometo llegar a alguna conclusión desde mis propias experiencias de vida, o al menos eso espero. Tenganme paciencia, soy nuevo en esto y vaya materia que escogí para escribir, ruego que mis antiguas profesoras de lengua castellana nunca lean esto, a donde carajo quedo la introducción, desarrollo y conclusión !?!%#

La felicidad. Tengo un menjunje interior con el que lucho día a día y sospechar que miles de personas sienten lo mismo que yo en este preciso momento es lo que me tranquiliza un poco. Es ese famoso y reconocido tormento: ¿Qué carajo hago con mi vida?

Nunca faltan las frases sabias, trilladas e indispensables como SÉ FELIZ, CARPE DIEM, HAZ LO QUE TE GUSTA, VIVE EL DÍA A DÍA, NO REGRETS y la puta que lo parió. Yo mismo me he escuchado decírselo a gente, pero ni siquiera yo puedo lograrlo, seria perfecto si tan solo pudiera aplicarlo a mi vida. Es un tema complicado y sé que estarás de acuerdo conmigo en este punto.

Sin embargo, hoy sentí que debía escribir y eso estoy haciendo. Supongo que es un comienzo, como así también sentí que debía irme de mi casa a los 20. Buscando una forma, estilo de vida diferente, donde nadie me regale nada y me tenga que hacer hombrecito a la fuerza, me fui para “ser feliz”, perseguir algún sueño, quién sabe.

El Martes 13 de Agosto de 2013, fue un día de mierda. Exageradamente hablando, nada drástico, pero ya saben a que me refiero, típico día en que no pegás una, en el que tu equipo favorito pierde, se te pincha una rueda o llegas tarde a una entrevista de laburo por el tráfico de la ciudad. Pero siempre,  en algún rinconcito, tenes la esperanza de que te queda la mitad del día para que todavía pueda ser un gran (medio) día.

Todo depende de la forma en que veas las cosas.

Eran las 19:17. Mientras el café ya frío tiembla con el movimiento de la mesa generado por mi mano impulsando un bolígrafo sobre un pedazo de papel, miro la CIUDAD DE MÉXICO desde arriba… desde un restaurante giratorio para ser más preciso.

Veo las cosas de una forma diferente, todo parece tan diminuto, tan hormiguita. Y el sol brilla más que nunca, probablemente por la tarde de verano, pero las nubes de smog no pueden frenarlo para nada. Mi amigo sentado junto a le manda cartas a través del mesero a señorita sentada a 20 metros en otra mesa, girando en simultaneo con nosotros, como si nos persiguiera. Sigo escribiendo, inspirándome con tal potencial comienzo de una historia de amor.

Entonces, hago click, lo capto una vez más, me sube el agua al tanque. Es simple, la Felicidad está en los pequeños momentos. Es espontánea y asombrosa, es invasora e instantánea. Llega más rápido que la luz y se apodera de cada partícula, átomo e ínfimo rincón de nuestro cuerpo.

Bastó con que el universo conspirara con toda su fuerza para que me subiera al coche de ese taxista, que estaba del otro lado de donde se pueden ver las cosas. Ese taxista tenia otra perspectiva totalmente diferente de las cosas. Insertó un CD del Guardaespaldas en el reproductor. Bastó con escuchar la siempre asombrosa voz  de Whitney para que la combinación de tráfico, lluvia y ruidos molestos me parezca simplemente hermosa. Por que así es la felicidad, simple. Todo que mis sentidos percibían era BELLO Y SANO.

Bastó con que todo lo que me pasó en la vida me lleve a estar sentado en esta sala de cómputos en ésta biblioteca pública, en este preciso instante, perfecto instante en el que estás leyendo esto, para darme y que te des cuenta de que no hay nada mejor que vivir.

Poco a poco voy perdiendo la inspiración para expresar lo que siento, hace minutos sentía que mi mente y toda la información que fluía iba 100 veces más veloz que mis manos.

Ahora, empiezo a relajarme y volver al estado de la realidad, la felicidad desaparece y comienza de nuevo mi camino de incertidumbre. Espero dejar sorprenderme con más momentos felices, pero no quiero darme cuenta de que estoy feliz, para poder disfrutarlo más. No quiero frenar los pequeños instantes para grabarlos, tomarles una foto o para escribir, quiero disfrutarlos.

Martes 13, un día en el que descubrí que la felicidad y la vida van de la mano, y que en el camino pueden pasar muchas cosas, pero siempre están ahí a la vuelta de la esquina, esperando para robarte momentos, hacerte olvidar el tiempo y reventar tu cuerpo de sensaciones. Un Martes 13 descubrí que me gustaba escribir.

Alguna leí que para sonreír se necesitan solamente 13 músculos.
Ahora, deja de leer a este boludo y andá a disfrutar, salí a caminar y escuchá la música que te gusta.
Un último consejo, SÉ FELIZ.

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